Llevaba ya un tiempo queriendo hincar el diente a esta película por motivos diversos. El primero, y más importante, porque estaba deseoso de admirar la puesta de largo de Jerome Sable y Eli Batalion, que allá por el 2010 me dejaron estupefacto con una pildorita musical llevada al extremo llamada The Legend of Beaver Dam, que con sólo 12 minutos de duración consiguió levantar a la platea del Cinema Retiro de Sitges en una alocada coral de aplausos, risas y aullidos frenéticos.
